Editorial Noviembre 2020

LA NIÑEZ AÚN ESPERA     por David Órdenes, director de Corporación La Caleta.

“Otro mes de las niñeces y adolescencia y el Estado de Chile sigue en deuda por la Ley de garantía de derechos para todos los niños, niñas que viven en Chile”.

Pero el veto presidencial avanza para dar lugar a la ley de protección especializada que “cambia para algunos”, la situación de las niñeces.

La verdad es que, desde La Caleta a 35 años de trabajo, especialmente en los sectores populares, esto es claramente una mirada sesgada de la realidad, centrada en la “focalización y mirada parcial de lo que son las niñeces y adolescencia en su esencia”.

Con esto no queremos decir, que los niños y niñas vulnerados en sus derechos no tengan que tener una respuesta digna. Es lo mínimo que debe hacer un Estado y responder a los 40 años de vulneración que los niños y niñas que son parte de las políticas del SENAME han tenido. Pero se requiere cambiar desde las causas el no seguir generando contextos que alimentan vulneraciones y donde los niños y niñas no son felices.

No podemos escudarnos en lo que se hace producto de la pandemia. Tenemos que mirar en las causas que ha producido la desigualdad y la pobreza y que no permite que niños, niñas y adolescentes logren su desarrollo como personas y, colectivamente propongan y sean parte de un Buen Vivir en dignidad.

El proceso hacia una nueva Constitución, debe contemplar las propuestas que los niños, niñas y adolescentes han visibilizado desde hace años en los procesos movilizadores de los estudiantes, del estallido social y de los encuentros múltiples en los cabildos y encuentros territoriales.

NO MAS DESIGUALDAD Y QUE LA DIGNIDAD SE HAGA COSTUMBRE

Para ello, seguimos demandando una ley de garantía de derechos que vaya más allá de los cálculos economicistas de hacienda y economía y que redistribuya los recursos hacia las comunas, para que el rol de garantes de los municipios se haga realidad. No es casual que las comunas ricas no quieren cambiar la Constitución del 80, se han privilegiado y acumulado la riqueza de todos y todas.

Los niños, las niñas y adolescentes no pueden esperar y no están esperando. Nos están colocando a los adultos y adultas, en soñar una sociedad donde las personas y la Madre Naturaleza sean sujetos de derechos.