EDITORIAL DEL MES DE JULIO 2020

El mes de Julio nos invita a ser parte de un pleno invierno, que además de estar siendo impactado por las lluvias, que son bienvenidas, lo es por una pandemia que no baja los brazos y que desigualmente llega a los sectores populares.

En tiempos de “sequía y saqueo” bienvenida el AGUA, que sabemos no está siendo un “bien común para todos y todas”, en las diversas regiones del país y que los niños, niñas y adolescentes no lo tienen para cumplir la demanda “de lavarnos las manos para cuidarnos por el coronavirus”.

Esta realidad que vivimos llega a todos intergeneracionalmente, por lo tanto, los niños, niñas y adolescentes acorde a la Convención Internacional de los derechos de NNA, tienen “EL DERECHO” a ser parte en opinión, en propuesta y demanda en todo lo que les rodea y son parte y no solamente lo que les afecta.

¿Qué significa su participación protagónica? El que sean escuchado y sean parte de los diversos espacios en donde sus vidas están: en la escuela con espacios de escucha y organización, en sus familias para ser parte de lo que pueden aportar, en sus comunidades donde viven para Co – construir la vida que queremos compartir como vecinos y vecinas en sus espacios territoriales. O sea, es aprender y aportar a como vivir, como aprender, y como relacionarnos para que nuestras vidas sean dignas. Esto es un aprendizaje, la democracia es un aprendizaje desde ahora en los propios espacios donde nos desarrollamos y convivimos.

El miedo de nosotros los adultos porque los niños, niñas y adolescentes opinen, aporten y reclamen sus derechos a ser considerados personas, es la fragilidad del adulto centrismo que considera que el control social y la “disciplina” es educativa y necesaria para la “democracia”. Cuando la CIDN demanda que sean sujetos de derecho.

Por lo tanto, la vivienda nos afecta por igual, la mala calidad de la educación y las condiciones se nota al no tener conexiones para recibir las tareas y la comunicación con mi profesor, el estrés de mi madre o de mi padre por no poder salir a trabajar y no tener lo necesario, el no tener espacios para jugar conlleva una DESIGUALDAD que los niños, niñas y adolescentes están viviendo en lo cotidiano.

Nuestro compromiso está en dar continuidad al vínculo, a demandar que lo que promete el gobierno se cumpla desde lo local a lo global, a problematizar lo cotidiano y compartir la esperanza que las transformaciones desde años y que despertaron el 18 de Octubre se hagan realidad ahora, porque la niñez y los y las adolescentes están aprendiendo responsabilidades en la medida que ven en nosotros los adultos y adultas que hay coherencia entre lo que hacemos y lo que decimos.